CAPTURING THE FRIEDMANS

junio 20, 2009

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El cuestionamiento y la duda son la base de este documental. Hay un gran número de voces en este documental, la principal es la de la familia debido a que el documental esta construido con base en los videos caseros filmados por la misma familia. Se presenta el caso de Arnold y Jesse Friedman por abuso sexual a una serie de niños que asistían a la clase de computación de Arnold. El documental incluye declaraciones antiguas y nuevas entrevistas con las personas involucradas y gracias a ello logra mostrar una visión global acerca del asunto y la historia de la destrucción de una familia por toda esta serie de acusaciones. 

Las acusaciones de pedofilia y abuso comienzan con el descubrimiento de material pornográfico en la casa de Arnold Friedman, cosa que no lo convertía en un violador ni mucho menos. Sin embargo, la policía sospecha de eso y comienza una investigación viciada que empieza a guiar a las personas a creerse involucradas cuando no hay pruebas feacientes de que esto sea cierto. 

El documental genera una relación muy particular con el espectador. Al observar todos los videos familiares que supuestamente deben verse en la intimidad del hogar, surge un conflicto ético en el que sentimos estar violando la intimidad de una familia, y por otro lado, nos acerca directamente a los personajes como no podría hacerlo ninguna entrevista. Hay una barrera que se rompe puesto que al ser grabado todo por un miembro de la misma familia, todos están más cómodos y las apariencias que conservan ante los demás, se diluyen. 

Hay un intrincado juego de contradicción presente en todo proceso judicial, pero que pasa incluso dentro de los miembros de la familia. Los hijos que aún aman al padre y creen en su inocencia. La madre que se siente completamente fuera de lugar porque no encuentra la fuerza ni las pruebas para creer en su esposo e hijo. Arnold que presenta una actitud de resignación porque se ve atrapado en una situación de la que no podrá salvarse. En contraposición a la familia está la policía y los supuestos testigos. La policía confía en el sistema y nunca se cuestiona los hechos no importa cuánto se plantean. Debbie Nathan habla del caso como uo de histeria colectiva en el que la simple idea genera conjeturas e ideas erroneas del supuesto crimen. 

El documental tiende a la inocencia de Arnold y Jesse, pero no por eso deja fuera elementos que nos puede llevar a la conclusión opuesta. Como Jesse riendo y jugando antes de la última audiencia, y llorando después en la misma. También la declaración del abogado en la que Arnold Friedman dice que se excita al ver al hijo de uno de los presos en las piernas de su padre. Siempre hay una serie de elementos que tiran la declaración anterior y por eso es interesante. Lo curioso es que parece que todas las personas, menos la familia, creen que está más que claro que son culpables y ellos están ahí para reiterarlo una vez más, pero lo cierto es que no hay ninguna prueba contundente y finalmente no tuvieron un juicio dentro de lo que establece la ley.

Dejo un escrito de Jesse Friedman de la carcel acerca de las diferencias entre él y los demás presos. 

I Know I�m Not One of Them Because�

To me books and magazines have words, not just pictures.

I judge people by the respect they show for others, not by the color of their skin, or religion, or reproductive organs.

I go to sleep at night, and wake-up at seven each morning, rather than sleeping my life away, staying up till two a.m. yelling back and forth to others. 

I am interested in Picasso, not the Forty-Niners.

I live in a clean cell no matter what.  They provide “cell clean-up” three times a week.  A small broom, dust pan, and a rag.  I hear the cop walk by the row of cells and no one stops him to request the broom.  Only me.  I could eat off the floor in my cell (and not just an expression.)

I wanted to hear the tape of President Clinton’s Grand Jury testimony, and not the Yankees or the World Series.

I do not curse at people, call them names, or put them down.

I eat vegetables, not fried Jack Mackerel.

All my sneakers need to be are comfortable, not fashion statements.

I know the proper word is “please” not “gimmie”.

I follow the bulls and bears, not the Bulls and the Knicks. 

I know there is no such word as “mines” – as in, “Make sure you bring mines to the yard!”

When The Freak was banging on the radiator for hours and hours deliberately to keep me awake and annoy everyone, I would never be discourteous in response.  There were times, after ten hours of non-stop senseless banging, when I felt like kicking the shit out of that radiator and screaming, but I didn’t.  I would think about Luke Skywalker in The Empire Strikes Back.  “That’s right.  Give in to your hate,” said the Emperor.  “Strike me down and complete your transformation to the Dark Side.”  Luke tosses down his light saber declaring, “I’ll never turn to the dark side.”  That’s me:  I’ll never become one of them.

 October 1998

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